
Aquí estoy, otra vez. Sentada en el mismo balcón donde te conocí.
¿Por qué el destino se empeño a separarnos?
Cuando te vi jamás imaginé la historia que recorreríamos. Tú me saludaste, yo sin mucho interés comencé a hablar contigo. Ahora me pregunto, ¿por qué lo hice? Supongo que si hubiera visto la historia de nosotros, no me hubiera arriesgado a regalarte mi corazón.
Hablamos por un tiempo: no recuerdo qué día, qué año, en qué lugar y en qué momento me enamore de ti.
Eras esa persona con la que podía ser feliz sin tener la necesidad de hablar para matar el tiempo. Recuerdo esas citas en el café de la esquina de la Av. Rotenford, podíamos hablar por horas y para nosotros simplemente eran segundos.
Y así, poco a poco fuiste entrando a mi vida, a mi espacio, a mi tiempo y comenzaste a cambiar todo: mis miedos los empezaste a abrazar, tus alegrías comenzaban a ser también mías. Y me comenzó a gustar el ajedrez. Qué irónico resutla hoy hacerte un jaque mate en mi vida.
Comenzamos a crecer y poco a poco nos fuimos alejando. Tu con tus intereses en el campo y yo entre libros de Filosofía. Sabía que me amabas a pesar de que te mudaste a otro pueblo y comenzabas a salir con tu futura esposa. Tus ojos me lo decían cada vez que me veías.
Siempre me pregunté por qué al marcharte de mi casa, me pedías que te diera un beso en la mejilla. ¿Acaso los amigos así debían despedirse? o tal vez era el amor que nos teníamos encerrado como un hermoso pájaro en una jaula que sólo de esa forma podía volar un poco.
Lloré. Lloré tanto que las lágrimas comenzaron a curar las cicatrices de aquellos recuerdos contigo. A veces me hacía la ilusión de que algún día regresarías y como la película de "El Diario de una pasión" plantarías un millón de flores abajo de éste balcón. Pero no, jamás lo hiciste.
¿Por qué si nos amabamos tanto no tuvimos la valentía de aferrarnos a lo que queríamos? El miedo nos mató y consumió nuestros sueños para que se convirtieran en imposibles.
¿Que no veías cuánto te amaba en mi mirada?
Entonces, me alejé de ti. Te veía caminar por la plaza con aquella muchacha de la que pretendías estar enamorado. Pero ahora, sólo te has acostumbrado a ella y por eso dices estar enamorado.
Creía que el amor existía, y era contigo. Pero no podía seguir lastimando mi corazón.
He oído tus llamadas en mi contestador. "¿cómo estas?, te hablaba a ver si estabas bien, sólo pasaba a saludarte". ¿Por qué continuabas buscandome?
Hoy sentada en éste mismo balcón decido sacarte de mi corazón. Quizás algún día vuelvas para mí, quizás no. Sin embargo yo ya no estaré aquí para ti.
Creo en el amor, y creo que cuando uno ama se arriesga y es leal a sus sentimientos. Y tú nunca tuviste ese valor.