Desde hace tiempo he estado reflexionando sobre cuántas veces he sido generosa con los demás. Instantáneamente creí que en muchas ocasiones, sin embargo me cuestione cuáles de esas tantas veces implico un verdadero sacrificio.
¡Ah! Entonces las cosas empezaron a cambiar...
Hace tiempo un amigo me invitó a participar en un proyecto que se llama "Doctor Sonrisas", ¿en qué consiste? Ir a visitar a niños con cáncer a los hospitales vestidos de payasos para agradarles un poco el día.
En ese momento pensé: "¿Yo?, ¡imposible! yo no tengo ese carisma".
Fue tanta la insistencia de varias personas que un día me decidí y dije: "nada pierdo"...
Fui al Hospital Civil Viejo de Guadalajara con los niños del 2 piso de pediatría. El cuarto que me designaron tenía un policía custodiando la puerta. Resulta que los niños estaban descalabrados. "¿Qué?" me dije, "¿Por qué si sólo son niños?"... Sus papas desgraciadamente los habían maltratado hasta el punto de estrellarlos contra una pared y dejarlos ciegos...
Y con esa triste historia que cautivó lo más profundo de mi corazón, tuve que agarrar todas las fuerzas del mundo y sonreír. Y comprendí: ¡Qué difícil es dar ante esa realidad!
En la habitación estaban 2 niños y 2 bebés. Entonces comenzamos una amiga y yo a bailar, y a jugar con ellos... Los niños instanáneamente abrieron su corazón lleno de ternura y comenzaron a abrazarnos, darnos besos y a bailar con nosotras.
Desde ese momento comprendí que darse a los demás cuesta,y cuando cuesta significa que ha valido la pena ser generosa con los demás porque implica ser humilde y abrir tu corazón a quien más te necesite.


No hay comentarios:
Publicar un comentario