
Y agradezco sinceramente a la persona que inventó las planchas porque gracias a su existencia he aprendido a quererme más.
El aceptar quién soy involucra querer todo de mí, incluso mis chinos rebeldes. Y así como estos chinos se queman poco a poco cada vez que los alaciaba, también se quemaba mi autoestima. Al igual que mis chinos yo internamente ¡olía a quemado!
Amarme es aceptarme así como soy. ¡Dios me hizo perfecta! Él no ve nada feo en mí, ni siquiera mis chinos rebeldes, hasta me hizo a su imagen y semejanza.
Ahora que he comenzado a amar estos chinos rebeldes me he dado cuenta que son fantásticos. Aprendí que no soy feliz porque existen las planchas, soy feliz porque me amo así tal cual soy.
A veces utilizo la plancha pero ya no para quemar mi autoestima como lo hacía antes, la diferencia radica en que ahora con o sin chinos me amo y soy feliz sin importar cómo se encuentre mi cabello.

No hay comentarios:
Publicar un comentario