lunes, 13 de julio de 2009

Actos de caridad



Hoy fui a misa de 12:00 a la Iglesia que está a la vuelta de mi casa.

Llegué y me senté en la tercera banca de la izquierda. Poco tiempo después llegó una señora en silla de ruedas con una enfermera joven, la enfermera la cargo y la ayudó a sentarse en la banca dejando la silla de ruedas del otro extremo vacía.

Después llegó un señor de edad adulta y se sentó atrás de donde yo estaba. Llevaba una camisa azul con un pantalón blanco.

En el momento de la comunión, la enfermera ayudó a la señora que a penas podía caminar a levantarse y la tomaba del brazo derecho. Al instante, el señor que se encontraba atrás de mi se levantó de la banca y con unos pasos torpes y viejos comenzó a caminar rumbo donde se encontraba la señora, le tomó del brazo izquierdo y la ayudó a caminar.

Fue ahí cuándo contemplé cómo Dios manifiesta su caridad a través de las demás personas.

Al finalizar yo estaba hincada ante Dios pidiéndole que me confortara por las dificultades que tengo en mi camino... en eso abrí mis ojos y sólo vi una muestra de amor muy grande:

El mismo señor viejo de los pies torpes, fue por la silla de ruedas que se encontraba en el otro extremo de la banca para llevársela a la señora que era ayudada por la enfermera a levantarse.

En ese momento comencé a llorar. Me di cuenta que Dios nos conforta y nos ayuda en las pequeñas cosas cotidianas de la vida.

El señor que también estaba enfermo abrió su corazón generoso para ayudar a alguien más. A él no le importaba si había una enfermera joven. ¡Qué fácil hubiera sido que el señor dijera: "Pues ahí está su enfermera, ps que le ayude ella"!

Y fue ahí cuando me detuve a pensar lo maravilloso de que aún existan esos actos de caridad. ¿Qué pasaría si todos fueramos como aquél señor viejo con los pies torpes que a pesar de cualquier situación o circunstancia está abierto a ser generoso con los demás?, en definitiva yo creo que el mundo cambiaría de rumbo...

Hacía unos instantes que yo le pedía a Dios que me confortara y no sabía que en un abrir y cerrar de ojos lo iba a hacer de una forma tan clara y sencilla...

Así que hoy me decidí a ser como aquél señor viejo con los pies torpes pero con un corazón jóven.

¿Y tú?

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